Cuando me acaricia las mejillas es extraño… Me siento bien,
me siento mal. Sé que es mi frase cliché pero algo se abre en mi pecho y un revoltijo
me pesa en el vientre.
Las caricias se secan y queda el surco grabado en el rostro
y las siento, siguen allí recordándome el por qué.
Pero no quiero hablar sobre las lágrimas.
Es solo que ayer me enteré de que una chica a la que le leía
algunos relatos se murió, mas bien se mató y no lo quería comprender. No me cabía,
me cabe que lo hiciera. Yo no sé que le paso y entiendo que no todas las
personas tenemos las mismas influencias al crecer, que no todas tenemos a misma
fuerza y que no somos igual de influenciables.
Hay muchas cosas que vivir.
Esta mañana al despertar, todavía en el calor de las mantas
miré hacia la ventana por donde pasaba un poco de luz e intente ponerme en su
lugar. Me imagine que en la madrugada cuando me asaltó la idea de haberme
dejado el gas abierto hubiese negado y no me hubiera levantado, auto-convenciéndome
de que si estaba cerrado. Imagine que no
me levante y que a la mañana siguiente descubría a mis padres durmiendo para
siempre. Imagine mi desesperación de no saber a dónde llamar primero, imagine
que debía irme con mi hermana a Sevilla y que ella no me decía nada pero yo
sabía que era culpa mía, que yo debía haberme levantado para comprobar la
bombona. Que era culpa mía que ellos ya no estuvieran. Pensé en la culpa, en la
verdadera culpa y las ganas de no ver los ojos de mi hermana, amándome hasta el
final pero llenos de tristeza y resentimiento. Sentí las ganas de desaparecer y
me imagine queriendo matarme. Pero no vi el final. No pude, mi hermana me traía
de vuelta, yo sabía que ella no querría eso y que la dejaría sola. ¡Me di cuenta
de que yo no podría hacerlo!
Yo no puedo pensar en mi muerte, o en ella en general. Es un
nombre muy grande y para mí es como el fondo marino. Me da miedo, me intimida,
temo por él, pero quiero investigar, descubrir, asustarme, pero no tentarla.
Es algo de muchos nombres que yo no puedo abarcar.
No es que no la quiera cerca de mi, es simplemente que
todavía no quiero conocerla. Sé que pasare por ella y sé que está presente
siempre, para unos más que otros.
Tengo miedo y lloro por ella, por la escritora, siento que
algo se va hoy de mi, quizá mañana sea otro cosa y no me acuerde en todo el día de
ella, pero sé que es algo que llevo a la espalda a partir de ahora. No ella y lo
que significaba, sino el pensamiento. Todo lo que conocía, cuando lo vea
pensaré, ‘Esta muerta’ y no podre obviarlo.
Un alma que eligió decir 'Hasta aquí.'