sábado, 22 de febrero de 2014

Danza de almas

Las últimas gotas de lo que queda en la taza me lanzan a decirte todo.
Que he estado en el cielo, que he estado en el infierno.

¿Qué decir cuando crees que todo vale?

Notas que las ideas vienen como balas y solo puedes intentar parar el impacto para no caer.

Un flash y te vuelvo a ver frente a mi coche y nunca pensé en encontrarte de nuevo, aunque solo fueran unos eternos segundos. Mi madre asegura que fue un momento, pero era ella la que conducía no la que se hundía en tus ojos que me devolvían la mirada. 
No sé si me reconociste pero en el instituto también nos mirábamos, incluso me llegaste a gastar unas pocas bromas que solo hicieron que mis mejillas se colorearan hasta querer explotar y derramar sangre por todos lados, incluida tu cara.

Creo que era tu madre, sí, estabas con ella y hablabais. Yo no te quitaba los ojos de encima, creo que parecía idiotizada por encontrarte en el último lugar donde me hubiera imaginado verte. El supermercado al que van las personas de los pueblos de alrededor.  
Anteriormente, en mi mente nos habíamos tropezado en tantos sitios diferentes… Pero nunca ahí. Más cerca de lo que yo esperaba.

Explosión.

¿Cómo es eso?

Creo que justo antes de encontrarme contigo le había preguntado a mi madre por qué no tenia novio si era guapa (En ese momento me veía guapa en el retrovisor, entiéndase, esos espejos deforman la realidad)
Ella me pregunto si yo realmente quería uno. Yo dije que no, cosa que sigo verificando. Ella se puso a hablar de que a mi hermana le pasaba lo mismo y que esperaba por un chico que mereciera la pena. Entonces tu estabas ahí en frente y wow te mire y no te reconocí pero luego sí. 
Creo que te parecí una loca por mandar callar a mamá sin dejar de quemarte con mis ojos. Luego tú me miraste de vuelta y ahí nos quedamos hasta que giro el coche y yo no pude parar de reír del nerviosismo.


Todo ese día y el siguiente y bueno, hasta hoy, estoy feliz. Y aunque no te vuelva a ver nunca más fue una bonita despedida, pues nos miramos los dos, conectando ojos y mente, dejando lo demás y metiéndonos en una burbuja extraña y desconocida.

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